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Tolerancia: 16 de noviembre y el resto del año

No hay convivencia sin tolerancia mutua.
Como en las piezas mecánicas, la tolerancia hace que algo pueda funcionar, a modo de engranaje; un esfuerzo, dentro de cierto rango; el concepto conduce a otro: el respeto.
Difícil pensarlos separados.
Los seres humanos de nuestro tiempo, según expertos, tenemos un déficit de tolerancia
 por el alto nivel de estrés.
Vivimos desesperados: que el semáforo encienda la luz verde; oprimir el botón del elevador cuando ya nos indicó que viene; y un sinfín de conductas más.
Vuelvo a Comte-Sponville:
“La felicidad si se la sopesa, no puede consistir en algo raudo,
que haga la visita forzada, con premura y desaliño.
Por el contrario, la felicidad desprende una idea bien peinada, azucarada y lenta.
Buscar la felicidad desesperadamente consiste en no estar a su espera.
De esa manera, el placer, cuando llega, se derrama con milagrosa prodigalidad y no se pondera como una ración más o menos copiosa respecto a lo pedido”.

Tar Baby

Percibiendo sublimados mis sentidos, pongo el separador en la hoja 46, pago la cuenta del café y, bajo la escalinata del viejo teatro, rompiéndose mi cavilación por un murmullo inesperado en su vestíbulo. Hay un concierto de la Orquesta Sinfónica de la localidad.
No leo el programa, quizá por eso me sorprenden las voces de Lakmé y Mallika, que se hacen tierra. La invitación de ir a recoger lotos azules, pasa del dialogo entre las figuras femeninas, para llegar a un violinista que, detrás de ellas, invoca, concentrado, seguir la corriente fugaz en el agua temblorosa, llegando al borde de la cúpula espesa.
El violinista roba mi atención desde ahí, en 'From the New World' (Dvorak), es su vigoroso movimiento el que me concentra; a decir verdad, son sus ojos cerrados; en el Concierto para Dos Violines en A menor (Vivaldi), ya estoy poseída por su cadenciosa vehemencia. Sigo sin ver sus ojos, pertrechados en unos cristales que a la luz rebota.
Afuera, aquel violinista impetuoso, se disculpa por el roce de su estuche.  
Interrumpiendo el dialogo dilatado, me dice que me quiere regalar algo, pienso en su violín y se me ocurre pedirle de Tchaikovsky, el primer movimiento del Concierto en Do mayor. No me deja enunciarlo siquiera, cuando saca de su maleta un saxofón.
Me dice: escucha mi versión de ‘Tar Baby’ (Sade): coordenadas: http://www.youtube.com/watch?v=uw63W7HBpgM
Contraída, recorro con mis manos mis piernas y, vuelve a mí la esencia de la última lectura antes de esta extraña vivencia.
"El encuentro erótico comienza con la visión del cuerpo deseado. Vestido o desnudo, el cuerpo es una presencia: una forma que, por un instante, es todas las formas del mundo. Apenas abrazamos esa forma, dejamos de percibirla como presencia y la asimos como una materia concreta, palpable, que cabe en nuestros brazos y que, no obstante, es ilimitada. Al abrazar a la presencia, dejamos de verla y ella misma deja de ser presencia. Dispersión del cuerpo deseado: vemos sólo unos ojos que nos miran, una garganta iluminada por la luz de una lámpara y pronto" (Octavio Paz)
Invocando el ut, re, mi fa, sol, la, s, pedimos clemencia a San Juan, no para que sus siervos puedan exaltar a plenos pulmones las maravillas de sus milagros, disolviendo  los pecados de labios impuros; sino para que, la pureza de la savia ardiente que se derrama de las comisuras, haga del pecado, la carne que ‘Tar Baby’ devorará en la versión, que la noche más última se imagine.

Lumière

Si tuviera la opción de atravesar una puerta y elegir un personaje, sería 'Lumière'.
No Auguste Marie ni Louis Jean Lumière, los inventores del proyector cinematográfico.
No la luz de aquella vieja canción de Charles Aznavour.
[Éteins la lumière, dans l'obscurité, mes mains qui te serrent...]
'Lumière', el candelabro; amigo de la señora Pots, la tetera; de Chip, la taza hijo;
de Ding Dong, Fifi y la señora Armario.
Esa breve y animada luminosidad de un castillo.
De romperse el hechizo, dudaría en volver al mundo humano.

Lecciones

A cierta edad hay que contar los años uno a uno como si fueran cosechas. Si uno se siembra a sí mismo en otoño, se poda en invierno, se abona en primavera y se riega en verano, se convertirá en un fruto magnífico de temporada que deberá saborear con suma fruición hasta relamerse el dedo gordo del pie.  […] la vida hay que vivirla como una contabilidad de pequeños deleites efímeros y si la cosecha de un año será la muerte, mientras tanto quedan muchos atardeceres que contemplar a través de una copa. Si eres joven, revienta de placer. Si eres viejo, piensa que lo más dulce siempre se reserva para el postre.
Manuel Vicent, of course.

¿Lápiz o bolígrafo?

El bolígrafo no cambia de apariencia ni siquiera cuando se encuentra en las últimas. Y deja un cadáver tan curioso que nadie diría que está muerto, si no fuera porque no pinta nada ya.
La gente se resiste a desprenderse de los bolígrafos vacíos porque continúan como nuevos. Sólo se consumen por dentro.
En cambio, nosotros sucumbimos exterior e interiormente, como los lápices.
Al lápiz hay que sacarle punta de vez en cuando, lo que constituye una actividad artesanal que sirve también para la reflexión; agoniza por dentro y por fuera a la vez, y deja un cadáver mínimo, un detrito.
Conviene sacarse punta cada mañana, como al lápiz, pese al espanto de ver cómo se agota uno. Lo complicado de sacarse punta es saber cuánto te tienes que afilar para escribir lo suficientemente claro sin romperte antes de que hayas acabado la historia o la vida. Eso constituye un ejercicio de conciencia saludable.

¿Por quién doblan las campanas?

Campanas en las iglesias, escuelas, hogares, unas llaman a orar, otras al recreo o a comer, pero existen otras que convocan a reflexionar. José Saramago, con motivo del Foro Mundial Social celebrado en Porto Alegre, señaló: “Hace más de cuatrocientos años en una aldea de los alrededores de Florencia, un campesino hizo sonar la campana de la iglesia melancólicamente, como cuando muere alguien, pero nadie que tuviese nombre y figura de persona había muerto. Era por la justicia. […] Esas campanas nuevas cuya voz se extiende, cada vez más fuerte, por todo el mundo, son los múltiples movimientos de resistencia y acción social que pugnan por el establecimiento de una nueva justicia distributiva y conmutativa. Urge, promover un debate mundial sobre el derecho a la felicidad y a una existencia digna, sobre las miserias y esperanzas de la humanidad”. El campesino de Florencia, -dijo Saramago en su intervención-, acaba de subir una vez más a la torre de la iglesia, “la campana va a sonar. Oigámosla, por favor”. 
No se pueden dejar de mencionar las del escritor inglés John Donne, quien  en 1623, dio a conocer varios textos bajo el título “Devotions upon emergent occasions”. En el apartado XVII se encuentra la frase de la cual Ernest Hemingway tomó el título de su obra más leída. Donne escribió: “¿Quién no echa una mirada al sol cuando atardece?, ¿Quién quita sus ojos del cometa cuando estalla?, ¿Quién no presta oídos a una campana cuando por algún hecho tañe?, ¿Quién puede desoír esa campana cuya música lo traslada fuera de este mundo? Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo del continente, una parte de la tierra […] la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad; y por consiguiente, nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas, doblan por ti”.
En el año de 1940 se editó por primera vez la novela de Ernest Hemingway, “Por quién doblan las campanas”, cuyo título deviene de aquel verso del citado escritor inglés. Con una expectativa nueva Hemingway analiza el comportamiento humano, especialmente, la parte de aquel que corresponde a valores como la solidaridad, utilizando la vía de la guerra, las injusticias y las equivocaciones. Tres años después, la novela de Hemingway fue llevada al cine  bajo la dirección de Sam Wood. 
Las campanas son insignia de convocatoria, de adhesión. Cuando las campanas suenan, representan, hoy más que nunca, ese emplazamiento a la solidaridad humana, al cual todos debemos sentirnos convocados. Siguiendo la frase de Donne, “no hay que mandar preguntar por quién doblan las campanas...  están doblando por ti.”

'Presunto Culpable', un filme que redirecciona

El largometraje 'Presunto Culpable' [a estrenarse en salas de Cinépolis de México el 18 de febrero de 2011, dentro del contexto del programa de documentales 'Ambulante'] deja pasmado a cualquiera.
Nuestro sistema de justicia, bordado en principios que se han ido desmoronando con el paso del tiempo, ofrece una investigación casi nula en los delitos que se cometen; en ese entramado se erigen juicios injustos, donde la presunción de inocencia es un mito.
La historia de Toño que constituye la medula del documental es un botón de muestra; hay muchos más Toños, Carlos, Lauras, Jacobos, Marisas, Javieres injustamente procesados o cumpliendo una pena de prisión que no les correspondía.
Layda Negrete y Roberto Hernández, investigadores del CIDE (Centro de Investigación y Docencia Económicas AC) han contribuido a quitar un velo y mostrar una realidad de México que urge cambiar.
El nuevo sistema de justicia, que varios estados han empezado a implementar, contribuirá a respetar principios que deben regir un verdadero estado democrático y de derecho.
Otro mundo es posible... y todos podemos hacer algo.
El link del proyecto: presuntoculpable.org