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Entre el relámpago y el trueno

Desde la montaña,
reclamó el relámpago al trueno:
¿Por qué siempre me opacas,
y a las tinieblas espantas con tan rudo frenesí?
Soy la luz que avisa, pero hasta que se hace sonido,
las personas toman consejo de tan vehemente tronido.
¿Qué privilegio hay en ti,
a qué ley de injusta guerra
llegas a la tierra,
siempre, extrañamente, eclipsándome a mí?
Vienes previamente -responde el trueno- impasible,
soy el sonido, no la chispa, ni luz,
el sonoro hueco;
en ti se fija la idea.
pero la humana ralea
que siempre el dolor fascina
desprecia lo que ilumina
y admira lo que vocea.

[Texto encontrado hoy, al poner orden en baúl de documentos importantes y apuntes sueltos; justamente en tiempo de luces y sonidos en el cielo, como esta noche].


Reflexiones sobre tema de todos los días

El primer artículo periodístico que escribí, hace varios años, fue sobre el tema del 'grafiti' [del italiano graffiti, que alude a grafito].
Mencionaba la falta de respeto, de parte de los jóvenes, a la propiedad privada; que necesitaban foros de expresión, y eso lo podían posibilitar las instituciones y bla.
Esta mañana de domingo (20n), que traía consigo un fluír fresco y suave, me entero, al salir al mercado, del hallazgo.
Seguramente fue durante la noche, cuando un grupo de jóvenes marcaron sus 'expresiones' en el portón de casa.
Después de la seria molestia que me generó tal suceso, pensé en ellos (lo que engendra el comportamiento); en su desafío ante la sociedad y las autoridades.
Es inconformidad con el 'statu quo' que les ha tocado vivir; símbolos de mostrar poderío sobre todos grupos, e inicios de carreras delictivas, en algunos casos.
El spray metálico se adhirió, además al portón, a una preocupación más por el futuro de las nuevas generaciones.
Necesitamos -más y variadas- fórmulas creativas para desactivar en la juventud ímpetus ilícitos contra la colectividad de la que forman parte.
Y para hacer catarsis, escribo por primera vez un exalto linguístico (aunque verbalmente los use, solo en caso extremo):
¡Cabrones!



Entre la sorpresa y el asombro


Aquella tarde el asombro estaba reflexivo, recargado sobre un pino pensaba en su naturaleza de ser sombra al inicio, para luego ser luz.
Le gustaba que las personas usaran su figura para… sorprenderse.
Esa inquietud de llamarse asombro, para terminar en sorpresa no le terminaba de cuadrar.
La sorpresa, que esa misma tarde llevaba un brillo en sus formas, se detuvo en aquel árbol en que el asombro se recargaba, para preguntarle qué era lo que le sucedía, se le advertía algo turbado.
El asombro le compartió su reflexión. Le explicó que cómo de ser quien daba motivo a la emoción que se descubría desde la oscuridad, terminaba en sorpresa; y así el crédito se lo llevaba ella; justamente con quien estaba en ese momento charlando.
La sorpresa, sin turbarse, le explicó que ella surgía de cualquier momento inesperado, sencillo o complejo, que podía ser positivo o negativo el impacto; una especie de consecuencia; en cambio, el asombro era una capacidad maravillosa que toda niña o niño tenían; y con suerte, muchos adultos conservaban hasta sus últimos días.
El asombro quedó perplejo con esa revelación, y su gesto cambió de inmediato.
La sorpresa lo tomó del brazo, invitándole a pasear por el bosque que se abría en el horizonte.

Polvo

Polvo del camino, que se sacude con una buena ducha al cuerpo y otra al equipo terrestre.
Polvo del hogar, deducible al paso de nuestro dedo índice.
Polvo de estrellas, de lo que estamos hechos, como lo decía Carl Sagan.
Polvo de diamantes, el que mantiene la relativa calma en el caos.
Polvo picoso; de chocolate; para hacer mole; mejorar el guiso; suavizar el cuerpo.
Polvo de arroz para aliviar comezón; de la madre Celestina; de ‘pica pica’;  de pinole; el sexual breve; el que se muerde.
O polvo después de la muerte, para no ocupar mayor espacio, cerciorarse de ella, imagen cósmica de asimilación, puerta de travesía, destino ligero.
Polvo, en eso nos convertiremos, dice el miércoles primero de la cuaresma.
Y si toda esa mitología no existiera, polvo… enamorado.

El suéter


La primera mitad de la vida se escucha de la madre, el padre o los hermanos mayores:
¡Ponte suéter!
¡Llévate suéter!
¡No traes suéter!
¡Dónde está tu suéter!
En la segunda mitad, es uno quien le dice a la hija, hijo o hijos:
¡Ponte suéter!
¡Llévate suéter!
¡No traes suéter!
¡Dónde está tu suéter!
(Suéter puede ser cambiado por chamarra, abrigo, impermeable, depende de la estación, aunque la idea sigue siendo la prenda que cubre, como batiscafo imprescindible para sumirse en las aguas).
Tengo conciencia de que una prenda protege del frío o la humedad; que a través de su uso se puede evitar un resfrío.
Tengo también la percepción (del todo subjetiva) que los seres humanos somos proclives a protegernos de la intemperie, del contacto directo de todo lo que represente una circunstancia no dominada.
Esto va desde un suéter hasta una idea.
El cobijo de las inercias es más común que el gusto por la Coca-Cola.
¿Quién quiere exponerse a no tener razón, a quedarse sin el amable calor de las creencias, de los prejuicios, de los silencios?
¿Quién?

Encuentros

Veneramos los amaneceres, como puente a más sensaciones; a las noches, como cajones que contienen a los sueños.
Veneramos desde ópticas paganas y lúcidas; o, mezcladas.
También a las cosas, los sonidos, las miradas y los felices encuentros.
Dentro de la vasta gama de veneraciones personales, un regalo de papel.
Se trata de un libro encuadernado en rústico, sobre ‘Gramática de la Lengua Castellana’; de Perlado, Páez & Cía. Madrid, 1911.
El catálogo de reglas de aquella época es un obsequio interesante;  su plus, las pasiones que quedaron como improntas en las hojas: flores disecadas y anotaciones de quien trazó en su libro su nombre: Pedro Ruiz S.

“Flor que perfume no tiene, ave que perdió sus alas…
¡Así son los corazones que laten sin esperanzas!

“Pasó… ¿no queda nada en ti de aquellas castas ilusiones
con que probaste mi alma fatigada?

Hora lejana…

Yo bendigo la hora en que por mi camino
Te enroscaste y me diste tus rosas y tus mieles.
Alabado por todos los siglos el destino que me ungió con la gloria
De tus sabios laureles.
[…]
Yo bendigo el destino y a la hora lejana que te puso en mi senda…”

Fiel veneradora, después de cien años, de esas efusiones, también alabo el radiante destino de los encuentros que se dan con letras.


Vía láctea

Puedo sentirte lleno de constelaciones en tu infinito, queriendo formar una vía láctea que ambos bebamos.
Puedo oler tu filo y reposo, que no olvida el sabor que genera la degustación de nuestras ansias.
Escucho los pasos en tu plexo solar, cómo se istman las pausas y los silencios.
Esa media sonrisa tuya, haciéndome creer que no te interrumpo, cuando los hilos del tema que trabajas se enroscan, creando esos continuos espacios para que me pose con todo y mis suspiros y aros, pasándome la mano por los labios, que se entreabren cada vez que te acercas.

Presencias ausentes

Poseer un locker en la escuela fue un anhelo.
No sólo por evitar el trajín de todos los libros y libretas a casa cada día, 'secula secularum'; iba más allá.
Ese espacio tan personal en un contexto común; la posibilidad de nombrar con imágenes o afiches las pasiones de la etapa: personajes, ideas, conceptos, amores secretos o revelados.
Según las películas, en el corredor de los lockers: el débil se enfrenta al instigador y suele caer bien parado; los guapos pasan con un balón en las manos; las lindas lo traspasan charlando; se descubren secretos; las tramas nacen y culminan entre paredes forradas de acero.
Nunca lo tuve.
Las ausencias nos hacen vertebrar más presencias, a veces, que si lo hubiésemos palpado en la vía real.

Violet Eyes

Hay personas que es difícil imaginar muertas.
Las hemos percibido a través de los años, sintiéndolas no visitantes, sino propietarias, no pasajeras, firmes estaciones.
Elizabeth Taylor, por ejemplo, es una de esas figuras emblemáticas de un tiempo, que aunque pasado, nos vio ser niños o adolescentes, y supimos de algún modo de ella.
En ese status visual conquistado no se percibía un filo de muerte.
La muerte de ella, como de otros personajes públicos que nos resultan cercanos, provoca más que un vacío físico, un espacio en la historia que ya no habrá de llenarse.
Vi hace varios años un par de películas donde actuaba ella, no tengo improntas de su trabajo escénico más allá de los premios alcanzados; lo que perfila mi memoria deriva del mundo de papel: su admirable porte, esos ojos violeta, el glamour omnipresente, su búsqueda incesante del amor, no abatiéndose ante los fracasos, reintentó repetidas veces;  su adhesión a causas sociales, sus luchas internas contra adicciones y debilidades de salud y, que sabía ser amiga de sus amigos.
Elizabeth Taylor. Un ícono en rumbo a otro escenario de estrellas.

Espejos

'El espejo', A. Zalce, 1991.
Qué miramos cuando estamos frente a un espejo.
Instintivamente, antes que acomodarnos el cabello, alinear la indumentaria u observar nuestra nariz o labios, buscamos nuestros ojos, hablándonos ellos, antes que cualquier otro elemento que sea nuestro interés observar, de nuestro estado de ánimo; de la intensidad de nuestra felicidad, preocupación, placidez o, tristeza de ese momento.
Quizá por ello sugiere Luis Eduardo Auté: ¡Vámonos, viajemos hacia adentro, vámonos crucemos el espejo, vámonos, a través de los ojos a buscar el tesoro oculto tras el universo.También, sin pretenderlo, muchas veces los espejos nos muestran, aunque no se lo pidamos, el inexorable paso del tiempo, que conduce a la infranqueable muerte. Igual como le ocurrió a Quetzalcóatl, que al verse reflejado en el espejo que le regaló Tezcatlipoca, se asustó al saberse que tenía facciones humanas, por tanto, con destino humano; es decir, histórico, pasajero, mortal; razón que hizo partiera al levante.
El espejo, más allá que una superficie bruñida que nos regresa una imagen; es un objeto que nos define.
“Infinitos los veo, elementales/ ejecutores de un antiguo pacto/ multiplicar el mundo como el acto generativo, insomnes y fatales […] el usual y gastado repertorio de cada día incluye el ilusorio orbe profundo que urden los reflejos”. Jorge Luis Borges en “Los espejos”.



Jirafas

Las jirafas, me parecen tías solteronas, lentas, de talle delgado y cadera abundante, simpáticas, que se desplazan con algo de dificultad, no muy listas, pero eso sí, elegantes y dulces.

Azoteas

Para  un ingeniero o arquitecto, la azotea es una compacta losa de concreto armado. Para los soñadores un escenario donde los pensamientos y movimientos se secan a los cuatro vientos. Estar más cerca del cielo, despeinarse con el viento, fantasear con arribos inesperados, robarle un beso.

Carta al pequeño 2011

Pequeño 2011:
Llegas inocente, no sabes cuánta cosa terrible le tocó a tu hermano 2010, el pobre ya se tenía que detener el corazón con la mano, porque andaba en sus finales roto. Descansará en paz luego de tanto sobresalto.
Los dones que traes en tus alforjas compártelos con gente buena, que abunda; no los apuestes en la calle ni los cambies por dólares de la mafia.
Abraza a los niños, protege a los ancianos; que se vaya en tu año el menos número posible de personas.
A los políticos bríncalos, ellos buscarán en tu tiempo hacer campaña electoral, serán cantos de sirena, que no te seduzcan si no son genuinos sus proyectos de reivindicación social.
Enfila tus cañones, desde el primer lunes, a esa comisión de obstáculos que nos acecha con tanta frecuencia, entorpeciendo las ganas de hacer.
Representas el tiempo, pequeño 2011, así que destaca la fuerza del presente, abrillanta el ánimo y la esperanza de que otro mundo es posible.
Moja las balas, a modo de travesura, para que ningún arma se dispare en contra de ser humano alguno.
Crecerás con los meses, no te pierdas la magia del instante ni la sonrisa por lo simple.
Acorázate con dignidad y fortaleza, que queremos vernos y verte en tu final entero.
Abrazos y besos.

Vientos

Si hay papeles o envolturas frente a tu puerta; tus labios se sienten resecos; las banderas ondean, las nubes brillan y, la ropa tendida al sol se seca más rápido, no es el aire, es el viento.
Al estar el aire en movimiento, se produce el viento, ese que arranca sombreros, azota puertas, transporta semillas.
Eolo, Zeus Kukulcán Quetzalcóatl, tiene distintos trajes.
También diferentes captaciones: rosa de los vientos, veletas, giraldas anemómetro.
En la escultura, Niké lo describe.
‘After all, tomorrow, is another day’, la frase que condensa «Lo que el viento se llevó».
Horror gótico: ‘Hasta el viento tiene miedo’ (1967).
Hay ‘cazadores del viento’, también, quienes beben los vientos (del otro), se confiesan a los cuatro vientos o, van contra viento y marea. Varios vientos, sirocos o mistrales, también en los adentros humanos.
Con vientos se mueven molinos, barcos, semillas, energías, sentires. También las palabras viajan de norte a sur, y de éste a oeste, como las de Octavio Paz:
«Cantan las hojas/bailan las peras en el peral/gira la rosa/rosa del viento, no del rosal […] Nada soy yo/cuerpo que flota, luz, oleaje/ todo es del viento/ y el viento es aire siempre de viaje».

Tercera llamada

Inicio con la pizarra casi blanca: buscar mis blogs predilectos para anclarlos de nuevo; mi perro del día; los colores, el diseño; las funciones de mi predilección; mucho trabajo por delante.
En enero de 2010 inicié la bitácora de 'Meletea de los Vientos' donde me vertía cada vez que me era posible, para dar -y darme- cuenta de mis inquietudes del momento.
Se escapó el blog que se convirtió en parte de mis días, y aunque no me agradó el suceso, asumo lo último que escribí en él, y de nuevo intento seguir la lección de los gatos: ante cualquier embate procurar caer parada.
Empiezo de nuevo a escribir; es el modo que mi ser reconoce como el más fiel a expresarse, sentir, escudriñar y buscar imágenes que hagan acompañamiento.
Algunos descubren en la velocidad su pasión, otros en tocar el sax, componer poemas, subir a la montaña, ver tv, caminar, bordar, y así.
Me gustan las letras, hasta en la sopa, y seguiré desde esta bitácora convocándolas.
Una tercera llamada y comenzamos. Vale.